miércoles, 3 de agosto de 2011

El amor es una droga para el cerebro


Sustancias como la dopamina o la oxitocina aparecen en el cerebro produciendo sensaciones parecidas a las que sentimos al mantener sexo, comer chocolate o tomar drogas.
Imaginar que una sustancia pudiera hacer el mismo efecto que una droga sería asombroso y potencialmente peligroso en función del uso que se le quisiera dar. Quizás ciertas películas de ciencia ficción ya lo han planteado utilizando efectos especiales pero esto no está tan lejos de la realidad.
Ciertamente, el cerebro es muy poderoso y está lleno de conexiones y neuronas -algunas de las cuales ni siquiera se sabe aún cómo funcionan- por lo que no es de extrañar que el comienzo del enamoramiento tenga el mismo efecto en el organismo humano que una dosis de cocaína.
Y esto es así por la, cada más conocida, hormona denominada oxitocina, a la que siempre se la ha relacionado con las contracciones del útero en el parto y la segregación de la leche de las mamas para el recién nacido, pero que también interviene en otros procesos orgánicos.


Hormona de la felicidad

Algunos la denominan la hormona de la felicidad y es así porque su producción natural siempre es sinónimo de bienestar y satisfacción. Y esos mismos síntomas son los que ocurren cuando una persona está enamorada.
Una serie de sustancias químicas son las encargadas de poner en marcha el proceso de atracción sexual. Sus efectos secundarios se notan al instante, cuando se tiene cerca a la persona que te gusta.
Algunos de los más inconfundibles son un cosquilleo en el estómago, el corazón palpita con fuerza y cuesta trabajo articular las palabras, a veces incluso se suda más de la cuenta y se pierde el apetito. Con estos síntomas físicos, las hormonas avisan que esa persona que los está experimentando se ha enamorado.
Además, se ha demostrado incluso que la capacidad que pueda tener un ser humano para mantener una relación depende –en gran medida- de su nivel de oxitocina.

Es decir, los que poseen mayor concentración de esta hormona en su cerebro durarán más tiempo con su pareja que aquellas que tengan una cantidad inferior.

Por este motivo, tampoco es cierto que con el paso del tiempo se pase de un amor pasional a uno más fraternal o más tranquilo, ya que algunas personas presentan reacciones cerebrales muy similares a los de los cerebros de recién enamorados.


Por eso, es aconsejable que las parejas realicen juntos cosas agradables, concretamente las que estimulan la producción de la dopamina.
Además, los mismos médicos ya advierten que sentirse felices en el matrimonio es garantía de una vida más larga, con mayor calidad y salud, por lo que el amor también es un buen preventivo de enfermedades.
Por otra parte, a nivel social, la misma oxitocina contribuye a potenciar la generosidad de las personas y promociona la empatía como modo de actuación hacia los demás.

Dopamina en el cuerpo

Este es el aspecto positivo de la dopamina que nos aporta al cerebro pero al mismo también podemos culparle de otras cosas no tan agradables. Los desarreglos en los niveles de dopamina aparecen en los enfermos de Parkinson, en esquizofrénicos, personas con síndrome de déficit de atención o enfermos mentales. Incluso hay que tener en cuenta que cuanto más bajos están los niveles de dopamina, de forma más escéptica suele comportarse la persona. Y cuando suben (ya sea de forma natural o artificial, por ejemplo, con inyecciones de L-dopa) el nivel de escepticismo baja y puede tener consecuencias curiosas, llegando a ser alarmantes o peligrosas. Hay personas que han llegado a encontrar teorías conspiratorias tras cualquier texto o palabras o a sentirse perseguido por todo el mundo, creyendo que encierran contra él planes oscuros.


miércoles, 27 de julio de 2011

 Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

     Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

JULIO CORTÁZAR
       RAYUELA, CAPITULO 7